La masonería huye siempre de la luz, y también de los taquígrafos. El otro día se la provocó en
pleno Parlamento. Y la masonería -representada fuertemente en algunas minorías- tuvo la
habilidad y el acierto de callar. En su falta de exteriorización reside su enorme eficacia. Hay
mucha gente que no cree más que en lo que tiene delante de sus ojos. Y deja de valorar
actuaciones sigilosas que producen efectos a pesar de no llamar la atención de los ingenuos.
La masonería, en su doble aspecto de secreta y exótica, es perjudicial para los
intereses nacionales y para la seguridad de la paz y del orden público.
Sin creer en las ridiculeces que se cuentan de los inofensivos ritos masónicos, no dudamos
-precisamente por enfocarla con seriedad- en atribuir una importancia relevante a la masonería,
cuya actuación política -es la única que nos interesa- ha sido siempre llevada con suma
habilidad, produciendo los efectos apetecidos por los masones, efectos de importancia en la
Historia de España, y de enorme peligrosidad para los elementos nacionales. En la pérdida de
nuestras colonias, en todas las revoluciones y cambios de régimen, en las diversas campañas de
propaganda antiespañola en el extranjero, se ha visto clara la mano de la masonería.
No solamente hay que reparar en lo que ella hace de un modo directo -que acaso no sea mucho en
cantidad-, sino en lo que ella influencia y determina indirectamente. He ahí, por ejemplo, la
Institución Libre de Enseñanza, controladora absoluta del mundo pedagógico español, y por
consiguiente de la formación intelectual de millares de españoles. He ahí, por ejemplo, en sus
tiempos de vitalidad, la F.U.E., elemento de ataque, un día, contra la Dictadura fundada -¡oh
habilidad masónica!- con la benevolencia del Dictador y con la ayuda de su hijo. Y así otros
muchos casos significativos.
Y con relación al presente, se conocen ya algunos de los ambiciosos objetivos de la masonería.
Por de pronto -aunque sea accidentalmente-, ha embarcado en su propia nave al que parecía su
más terrible y constante enemigo: el jesuitismo representado políticamente en la persona del
señor Gil Robles. A la vez que trata de recobrar su control sobre la juventud universitaria
(que contra lo masónico se había rebelado en una reacción de fecundo patriotismo), metiéndose
en los campamentos nacionales disfrazada de autoritarismo y españolismo académicos, relamidos e
impotentes; disfrazada de fascismo degenerado halagando la vanidad -como en tiempos hizo la
F.U.E.- de los estudiantes, diciendo que se alisten en un «nacionalismo selecto, intelectual,
para minorías escogidas, que dará un nuevo estilo a las masas españolas en la
realización de su destino universal». Como también intenta una campaña internacional contra la
España política de hoy, movilizando todas las fuerzas internacionales que llaman de
«izquierdas».
Estamos alerta. La masonería tiene estudiados planes de gran envergadura, cuya realización es
indispensable paralizar. Pero a la masonería sólo se la puede aniquilar desde el Poder, y
utilizando todos los resortes poderosos del Estado. Con un discurso, como ha intentado
valientemente el diputado señor Cano López, no se consigue ni que los españoles nos enteremos
siquiera de las modestas acusaciones que en su intervención parlamentaria haya podido hacer
contra la masonería, porque la censura lo ha impedido.
La masonería sigue, pues, actuando con las manos libres, porque su clandestinidad se lo permite
y los Gobiernos se lo toleran. Procuremos defendernos contra ella como podamos. Este periódico
intenta ser uno de los más firmes baluartes antimasónicos. LA PATRIA LIBRE es incompatible con
la acción constante de la masonería al servicio de la opresión extranjera.
(«La Patria Libre», n. 2, 23 - Febrero - 1935)