Las J.O.N.S. son ya unas iniciales populares, tras de las que adivinan las gentes una bandera
justa y magnífica. Hay, pues, que extender las J.O.N.S.
Nada es hoy sin duda más sencillo. No hay protocolo difícil que impida el acceso a las J.O.N.S.
Nuestras Juntas se ofrecen a todos los españoles limpios y animosos con todas las facilidades.
Somos además una bandera política flexible y amplia. Ello facilita indudablemente la captación
de militantes numerosos. Interesa el nacional-sindicalismo de las J.O.N.S. a la inmensa mayoría
de los españoles. A los estudiantes, a los trabajadores, a los funcionarios modestos, a los
pequeños industriales y comerciantes, a todos los patriotas y a todos los que apetezcan para
España horas de paz, de fuerza y de esplendor.
¡¡A fundar, pues, las J.O.N.S. donde todavía no estén funcionando!! Repetimos que ello es fácil
y sencillo. Basta que haya en una ciudad de España un grupo pequeño, ¡incluso un solo camarada!,
para que se ponga a trabajar activamente.
Según la oportunidad, el clima social y, sobre todo, según el entusiasmo que ese pequeño grupo
despliegue, así los resultados jonsistas serán espléndidos o estrechos. Pero aun en este caso
último no deben los camaradas de cada grupo local perder la esperanza. Sigan luchando. Piensen
que si en su ciudad o en su comarca los resultados son modestos, hay, en cambio, otros puntos
de España donde la bandera jonsista arrastra masas ardorosas y que en sus mismas zonas
conseguirán algún día el triunfo.
¡¡A CREAR J.O.N.S.!!
¡¡A EXTENDERLAS Y PROPAGARLAS POR TODA ESPAÑA!!
(«La Patria Libre», n. 1, 16 - Febrero - 1935)