La bandera de la unidad y del vigor de España como Patria grande y justa,
necesita todas las colaboraciones, y entre ellas, de primer rango, la asistencia de la masa
popular española
Lo nacional: la Patria
Vivimos los españoles una época decisiva. Tenemos a la intemperie lo más profundo, valioso y
delicado. Época en que el riesgo y el peligro cerca, no sólo a nosotros y a los utensilios
sociales de nuestra vida, es decir, no sólo a nuestras instituciones, a nuestro bienestar, a
nuestra cultura, sino a nuestra propia Patria.
La revolución de octubre movilizó abiertamente sus fuerzas contra el ser mismo de España como
Nación histórica. Entre otras cosas menos importantes, aunque desde luego graves, fue una
revolución contra la unidad de España. Ello después de cuatro siglos de unidad y de ser España
la primera unidad nacional de la Edad Moderna. Fue vencida la subversión, pero el hecho sólo
del litigio armado, el que haya sido posible siquiera, basta para conmover lo más profundo de
nuestro ser de españoles y orientar la atención, el esfuerzo y la mirada hacia ese boquete
abismal surgido en el costado de la Patria.
[Visado por la censura]
Nosotros ya tenemos [Visado por la censura] la consigna. Hay que sacrificarlo todo a lo nacional.
Y a la vez que decimos y proclamamos que nada nacional nos es ajeno, manifestamos
también el resultado de nuestras pesquisas en pro de una solución a la angustia española de
esta época.
Ese resultado a que aludimos es que hay que llevar al pueblo, a todo el pueblo, la
suprema cuestión de España y de su destino. La bandera de la unidad y de la vigorización de
España como gran nación, necesita todas las asistencias, y entre ellas, una de primer rango, la
asistencia de la masa popular española.
Nada más fácil, natural y sencillo. Todo consiste en extender y propagar ante todo el
pueblo la gran verdad de que sus intereses todos, desde el más alto y profundo de tener una
gran Patria, hasta el de vivir con un mínimo de paz, pasando por el de atender a las
necesidades económicas de cada día, dependen en realidad de que España sea o no un gran pueblo
libre, una nación fuerte y justa, un Estado vigoroso y nacional.
Eso queremos, nacionalizar a las grandes masas de españoles, hoy desviadas de la ruta nacional
por organizaciones, banderas y consignas enemigas.
La Patria es más necesaria a las capas populares que a los privilegiados. La gran mayoría del
pueblo no sabe idioma, no tiene dinero para viajes, no está en contacto, pues, con otros
valores culturales ni con otras costumbres que con las de su Patria. No está ligado de un
modo directo a grupos extranjeros de su propia clase como las minorías privilegiadas.
Hay que dar, pues, en medio de todo el pueblo el aldabonazo de servicio a España,
la consigna nacional, de forma que la hagan suya y la vigoricen con su aliento las más amplias
zonas de españoles.
Consideramos esa misión la más urgente, importante y necesaria. Quien la lleve de un modo
triunfal a la victoria tiene derecho a pedirlo todo.
Nacionalizar a los españoles, a todo el pueblo, ligar su destino con el destino nacional de
España. Ese es el camino más inmediato, la tarea más importante.
Nosotros estamos, desde luego, íntegramente adscritos a la realización de eso. Tenemos la
seguridad de que sólo así será cortado el proceso de disgregación, será evitado el peligro de
bolchevización, y España tendrá garantizada una época de poderío, de riqueza y de gloria.
Nada nacional nos es ajeno, repetimos. Pero parece necesario ser exigentísimo acerca de
lo que sea lo nacional, y cuáles son las fuerzas nacionales. Nacional será para nosotros
todo aquello -organizaciones, ideas y hombres- que coloque la victoria española por encima de
cualesquiera otra. Y que se afane de un modo positivo por el imperio y el triunfo de la causa
española.
Repetimos en este primer número nuestra entrega a lo nacional, nuestra decisión de
considerarlo como el primer ingrediente de cuanto hagamos. Todo lo nacional encontrará aquí
resonancia, [Visado por la censura] y todo lo antinacional combate firme y sin tregua.
Sin España, sin la Patria, nada.
Lo sindicalista: el Pan
Dos realidades inmediatas llevan hoy de la mano a los españoles a encararse con el problema de
la organización social de nuestra Patria. Una, la conmoción marxista de Asturias. Otra, la
crisis de trabajo, el paro obrero y la anormalidad notoria con que se desenvuelve la economía
nacional.
Se trata de organizar la vida de la producción y del consumo de modo que todos los españoles
útiles y capaces tengan garantizada una subsistencia normal y digna, sin entrar a saco en las
economías privadas ni perturbar en el más mínimo grado la producción nacional. Basta con un
Estado en línea de rendimiento, un pueblo disciplinado en su propio beneficio y unas
organizaciones, unas estructuras sociales vigorosas.
En octubre hicieron crisis las organizaciones obreras de base marxista. Sus sindicatos eran
nidos de agitación, trincheras al servicio de los intereses políticos de las burocracias
socialistas. Parece que lo más urgente ahora es destruir hasta la más profunda raíz esas
madrigueras rojas y presentar a las masas ingenuas y desilusionadas el panorama de una vida
sindical a extramuros de la preocupación revolucionaria bolchevique.
Nosotros estamos convencidos de que sólo los Sindicatos nacionales, es decir, los Sindicatos
obreros identificados con la ruta nacional de España y, por tanto, constituidos en sus propios
defensores, pueden desarrollar entre las masas la atmósfera que se precisa para desplazar
definitivamente a las organizaciones marxistas.
El problema de las estructuras sociales está ligado íntimamente a la existencia nacional de
España y a la subsistencia material de los españoles. No hay posibilidad de vida económica si
se carece de unos instrumentos sociales que representen y disciplinen los factores diversos que
intervienen en el proceso económico. Esos instrumentos son los Sindicatos.
El Estado que en nuestro tiempo no advierta y, por tanto, no utilice a los sindicatos como
poleas imprescindibles de su acción, es un Estado ficticio, enclenque y sin vigor. España,
pues, necesita orientar su vida social hacia el plano de la sindicación de todos cuantos
elementos intervengan de algún modo en la producción nacional. Sindicatos nacionales y
obligatorios en todas las ramas. Eso queremos.
Los Sindicatos, como células reales de la vida social, son la mejor garantía contra el paro,
las crisis y la anarquización de la vida económica.
Nosotros desarrollaremos gran actividad -toda la que nos sea posible- en la tarea de llevar a
los españoles la convicción nuestra de que es preciso sustentar la vida de la Patria sobre
bases sindicalistas, como paso a las grandes corporaciones reguladoras de toda la economía.
Es nuestra angustia por el vivir diario de los españoles, la preocupación por sus patrimonios,
el afán de evitar la ruina de los pequeños industriales y labradores, el exterminio definitivo
del hambre y de la miseria, lo que nos conduce a señalar y a insistir en la creación de
Sindicatos amparadores, responsables y ligados de modo auténtico a los intereses de todo
el pueblo que trabaja.
No concebimos el Estado y la sociedad misma sin esas formidables instituciones que son los
Sindicatos, así como la necesidad imperiosa de sustraer esos organismos a toda influencia
internacional y todo servicio a las grandes encrucijadas revolucionarias del marxismo.
Lo nacional y lo sindicalista, es decir, la Patria y el Pan. Como paso a
Lo nacional-sindicalista: la Justicia
Creemos no tener que esforzarnos en convencer a todos de que sin Justicia la vida es un
infierno permanente. Dar a cada uno lo que es suyo, bien, pero la vida de los grandes pueblos
exige completar esa frase con algo como lo siguiente:
Dar cada uno a los demás, a la Patria que los representa, el servicio
necesario.
Y decimos a todos los españoles: la existencia de España tiene que basarse en dos cultos: el
culto a lo nacional, a la Patria, y el culto social, al pueblo. Esa es la síntesis y el nervio
del nacional-sindicalismo. Sólo así haremos de España un hogar para todos los españoles y sólo
así conseguiremos el orgullo de vivir en un pueblo libre y fuerte.
Lo nacional-sindicalista conduce, pues, a sustentar la vida histórica de nuestra Patria
española sobre los más firmes pilares. Hace de todos nosotros soldados activísimos de la
grandeza de España, como Patria justa, como bandera noble y eficaz frente a la brutalidad y la
explotación de los pueblos extranjeros.
Siglos y siglos de experiencia parece que no han servido todavía para que muchos se den cuenta
de que la existencia nacional de España necesita de defensas permanentes y de que hay que estar
alertas contra la voracidad de dentaduras enemigas. España ha sido siempre un pueblo de
soldados. Sus más grandes empresas, la conquista y colonización de América, por ejemplo, fueron
realizadas desplegando virtudes y valores de heroísmo y esfuerzos.
Queremos el imperio de la Justicia. Pero no sólo y concretamente para los españoles, sino
también y, sobre todo, para España. Hacer Justicia a España y a su Historia es ponerla hoy con
el esfuerzo y el sacrificio de todos los españoles a la altura de sus más grandes horas.
Todo cuanto hay que hacer debe reconocer esa meta como la primera y más alta. Para ello pedimos
las demás cosas. Para ello queremos escuelas, sindicatos, economía próspera, soldados,
satisfacción popular, riqueza, ciencia. Todo.
El nacional-sindicalismo es por eso, repetimos, la bandera más amplia, profunda y justísima que
cabe hoy ofrecer a los españoles. No quedan ni quedarán fuera de ella sino los descastados, los
egoístas y los traidores. Los que no necesitan Patria, los que piden Justicia para ellos solos,
los que han nacido bajo el signo de la traición y de la vileza.
Nosotros convocamos a todo cuanto hay en la Patria de limpio, esforzado, generoso y noble.
Nosotros convocamos, en definitiva, a todo el pueblo español para decirle:
Nutre las filas nacional-sindicalistas. Organízate bajo sus banderas para las conquistas
de la cultura y del bienestar y para la lucha contra la barbarie, la ruina y la miseria.
Nosotros ofrecemos con las yugadas flechas de las J.O.N.S. el camino de la Patria, el Pan y
la Justicia.
(«La Patria Libre», n. 1, 16 - Febrero - 1935)