Repetimos nuestra pregunta, que ya hicimos en el número anterior, porque en la última semana la
velocidad de la preocupación española ha sido más grande que la de las noticias que se
recibían. El pueblo español requiere de un modo unánime que se diga en clarísimo lenguaje qué
acontece y qué amenaza acontecer en Cataluña. Han ido allí tres ministros del Gobierno
provisional. A su regreso han hecho declaraciones muy vagas, auténticos balbuceos que nadie ha
entendido. Hace tres días hemos viajado muchos kilómetros por España. Eran emocionantes los
grupos hispánicos que se advertían anhelosos de noticias, rodeando el aparato de radio
transmisor que comunicaba la situación del problema catalán.
España entera mira hoy a Cataluña y la ve entregada a esa minoría de hombres absurdos que es
inevitable surjan y resurjan en todas partes. Por dos motivos debe intervenir el resto de
España de un modo inmediato y heroico en la cuestión catalana. Uno, el de salvar la unidad
nacional, que peligra de una manera mediocre. Otro, el de salvar la misma Cataluña, parte de
España, que peligra también en manos de la minoría traidora. Nosotros no ponemos en duda la
plena autoridad revolucionaria del Gobierno provisional. Ya lo dijimos también hace ocho días.
España entera tampoco, y por eso le pide hoy que inicie con rapidez la política interventora
cerca del seno rebelde y minoritario de Cataluña.
Bien está que se lleve a las Cortes constituyentes todo cuanto se quiera. Ya se encargarán de
aprobar y votar lo que deba votarse y aprobarse. El supremo interés nacional -incluso el
revolucionario- no puede admitir que se consoliden situaciones de hecho, tan anómalas y
perturbadoras como esta que brota en Cataluña.
Estamos en posesión de un gran número de recortes periodísticos que prueban el desmandado
avance catalanista. Si esos recortes se popularizaran por toda España, hoy mismo iban a sentir
los rebeldes de Cataluña la enérgica presión hispánica.
Ya se sabe que los separatistas introducen sus ideas en Valencia y Baleares, y pregonan que son
las tres regiones las futuras integrantes de la nacionalidad catalana. ¿Se dejará arrebatar
España la idea imperial, integradora, que constituye su savia misma como pueblo?
No es hora de meridianos locales, sino de fidelidad a las grandes nacionalidades históricas.
España debe ser indiscutible a ese respecto, y el Gobierno provisional de la República no puede
retrasar ni un minuto su palabra decisiva. ¡Fuera ese espectáculo de la Universidad española de
Barcelona! ¡Fuera ese Gobierno de Maciá!
Y pedimos con energía: ¡Disciplina y patriotismo revolucionario en todos los frentes!
(«La Conquista del Estado», n. 7, 25 - Abril - 1931)