El pulpo del capitalismo extranjero continúa vorazmente chupando la poca savia de nuestra
economía nacional. Despojo tras despojo, estruja y agota todas las posibilidades de rapiña. No
se sacia con los suculentos dividendos ni con su influencia solapada en la política del Estado;
aún interviene cerca del misérrimo trabajador español, exigiéndole servidumbres de tipo colonial.
Tal ha sido la conducta de la dirección de la Compañía Minera de Tharsis (Huelva) al acordar
últimamente el desahucio de 400 familias desamparadas, al arrojar -desde sus pocilgas al
arroyo- a varios cientos de obreros despedidos, en represalia de una supuesta intervención en
la organización de los Sindicatos.
La Compañía extranjera que explota a sus asalariados con los jornales más irrisibles y caciquea
en el Ayuntamiento de Alosno (término municipal de las minas) y reparte a sus accionistas
ganancias casi fabulosas, presenta a la opinión indignada la pueril excusa de la crisis en el
mercado de la pirita. Nada puede excusarles de que en Tharsis -donde para mayor sarcasmo
floreció la más antigua civilización española, la tartesia; donde vibró el espíritu nacional
muchísimos siglos antes que los burgueses piratas se divirtieran en Londres o en París- se
desencadenen persecuciones de esa índole contra la encadenada masa española. El ministro del
Trabajo manifiesta que el atropello se ha detenido. No basta.
Queremos para el obrero español el máximo respeto y la máxima recompensa. Estas dos
salvaguardias de la dignidad social son imprescindibles para su vida. Sin ellas, la Libertad
que le brindan los demo-liberales-burgueses no deja de ser una broma de desocupados. Sin
embargo, es evidente que estos demo-liberales-burgueses no podrán nunca conceder otra cosa.
Pues están a merced de sus magníficos honorarios de abogados consultores de las empresas
extranjeras. También es cierto que el Estado actual -el que enajenó las minas de Tharsis en
cien millones de pesetas- es incapaz de nada justo ni nuevo.
Sólo nosotros, que hemos incorporado a nuestro programa la absoluta NACIONALIZACIÓN DE TODOS
LOS YACIMIENTOS MINEROS ESPAÑOLES que están en manos extranjeras, podremos, en fecha muy
próxima, asegurar a los trabajadores de España la satisfacción total de cuanto vienen
reclamando, y es de justicia -no distributiva, sino imperial y civil- se le entregue en su
día.
(«La Conquista del Estado», n. 2, 21- Marzo - 1931)