Junto
al mundo que muere tenemos la compensación y el júbilo del mundo que nace.
Desde el 10 de diciembre de 1919, cuando la C.N.T., después de un período álgido de luchas y
triunfos, se remansó un poco en el Congreso del Teatro de la Comedia de Madrid, antes de
lanzarse como una pantera sobre el capitalismo español, hasta ahora -mes de junio del año 1931
republicano-, ha transcurrido mucha historia. Cayeron militantes audaces y valerosos. Surgió la
estúpida Dictadura de don Miguelito. Hubo cárceles y destierro para el Sindicato Único.
Vinieron las dictablandas de Berenguer y Aznar. Llegó la republiquita medrosa y burguesa, con
su cortejo de frailes, banqueros y generales. Por encima de tales mostrencos sucesos, ha
crecido y se ha granado la nueva generación hispánica, que es muy nacional y muy
revolucionaria, que viene acuciada por Europa, y que pretenderá imponerse a la Europa cobarde,
parlamentaria y ramplona.
Nosotros tropezamos ahora mismo con el casi millón de adheridos a la C.N.T., con el fenómeno
sindicalista, y entonces nuestro interés más fecundo converge en las faenas de su Asamblea
actual. Vamos forzosamente a buscarla y a comprenderla y a interpretarla con ojos amigos. Trae
cerca de medio millar de delegados de los cuatro puntos cardinales de la Península; trae la
fiebre ibérica por la creación y el ensueño futuros; trae los enormes problemas de la Tierra,
de la Sindicación forzosa y del porvenir del país. Viene repleta de denuedo y de afán juvenil.
Hemos de estar junto a la C.N.T., en estos momentos de inmediata batalla sindical, en estos
instantes de ponderación de fuerzas sociales. Así creemos cumplir con nuestro deber de
artífices de la conciencia y de la próxima y genuina cultura de España.
(«La Conquista del Estado», n. 14, 13 - Junio - 1931)