Se celebra estos días en Madrid el Congreso de un partido político. Parece que los congresistas
no se entienden ni están de acuerdo en nada. Se repite allí un poco lo de nuestro Gobierno
provisional. La Prensa da la noticia de las discusiones tremendas que se originan, de tal cariz
algunas, que el hecho de producirse en el seno de un grupo político homogéneo no se lo explica
nadie por ahí.
El tal Congreso es el del Partido republicano radical socialista. Hay que fijarse bien
en el nombre, porque él nos facilitará la clave de todo. Hemos hablado con algunos partidarios,
asistentes al Congreso de ahora, y a los cinco minutos nos lo explicamos todo.
Acontece que ese partido es un curioso engendro del equívoco. Lo nutren afiliados de las
tendencias más diversas, pues cada cual interpretó a su gusto la significación del partido,
copia dominical del partido francés de Herriot.
Hay en él burgueses de la izquierda, socialistas de la derecha, templaditos, socialistas
revolucionarios, radicales, marxistas de todos los colores, y algunos bastantes comunistas de
bonísima fe. Además, claro, el gran número clásico de gentes que ni saben lo que quieren ni lo
sabrán nunca.
Alguien dirá que cómo es posible que un mismo programa y un mismo nombre albergue tal variedad
de catecúmenos.
Nosotros vamos a aclarar el enigma. Pues nos llegan a diario lamentaciones y frases de ingenuos
afiliados de las provincias.
Como es sabido, la tendencia exacta del grupo político que acaudilla don Marcelino es la de un
partido burgués de izquierda, con admisión de alguna que otra cosilla de sabor socialista.
Ahora bien; el nombre de radical socialista hizo creer a un buen número de ingenuos que de lo
que se trataba era de una tendencia socialista extrema, más allá del socialismo de la Casa del
Pueblo. Esto es, socialismo radical.
El guirigay de los congresistas se explica, pues, perfectamente. Se trata de unos enemigos
políticos que se encuentran juntos por pura burla.
Sobre este extremo, nosotros recibimos a diario cartas estupendas. Algunos grupos procedentes
del radical socialista se han afiliado a LA CONQUISTA DEL ESTADO, y hemos podido comprobar lo
que antes dijimos. Por eso nos sonreímos con el espectáculo congresístico de ahora. Pues
estamos en el secreto. Un secreto de mosaico. Una torre de Babel. El bilingüismo de don
Marcelino.
(«La Conquista del Estado», n. 12, 30 - Mayo - 1931)