El Triunvirato Ejecutivo Central ha convocado para los días 12 y 13 de febrero al Consejo
Nacional del Partido. Este alto organismo jonsista va a deliberar acerca de varias cuestiones
que son hoy de vital importancia para el desarrollo de nuestro movimiento.
Parece que son tres los puntos fundamentales que se someterán al alto juicio del Consejo:
1.° Actitud de las JONS ante el grupo fascista F.E.
2.° Creación de los organismos a través de los cuales debe conseguir el Partido una eficacia
violenta en el terreno de la acción antimarxista.
3.° Fijación de las consignas que han de constituir la base de la propaganda en 1934. Posible
radicalización de nuestra línea revolucionaria, robusteciendo la posición jonsista entre la
pequeña burguesía y los trabajadores.
Basta la enumeración de estos temas para advertir la trascendencia que van a tener las
deliberaciones del Consejo.
La presencia del grupo F.E. que, como es notorio, pretende seguir el camino jonsista, es un
hecho que, en algún aspecto, perturba evidentemente el desarrollo normal de las JONS,
obligándonos a examinar y a justificar de nuevo nuestra propia plataforma política. Es, pues,
necesario que el Partido fije con toda energía y claridad su juicio acerca de F.E.,
proporcionando a todos los camaradas una crítica justa sobre las características de ese
movimiento.
Parece, según nuestras noticias, que en el seno del Consejo van a ser defendidas tres tendencias
con relación a este tema del F.E. Una sostiene la necesidad de que las JONS afirmen su desconfianza
ante ese grupo, declarando a sus dirigentes y a las fuerzas sobre que apoyan sus primeros pasos
como los menos adecuados para articular en España un movimiento de firme contenido nacional y
sindicalista. Los camaradas que defienden esta posición estiman que las JONS deben publicar un
manifiesto de razonada y enérgica hostilidad contra el F.E., denunciando su ineptitud para dar
a los españoles una bandera nacional, auténticamente revolucionaria, y declarando, como
consecuencia, que su única labor va tristemente a reducirse a la de ser agentes provocadores de
una robusta y fuerte unificación del bloque revolucionario marxista. Según esos mismos
camaradas, corresponde a las JONS fijar las limitaciones derechistas de F.E., que le
incapacitan para una auténtica empresa totalitaria, y suplir esas limitaciones con una actitud
inequívoca por nuestra parte, que permita a las JONS desenvolverse con éxito entre las masas.
Frente a esa tendencia, que pudiéramos calificar de fanática e intransigentemente jonsista, y
que parece muy dudoso predomine en el Consejo, hay otras dos, muy diversas, sin embargo, entre
sí. Una estima que el movimiento F.E. encierra calidades valiosas y que sus dirigentes pueden,
sin dificultad, interpretar una actitud nacional-sindicalista. Aprecia, sin embargo, en la
táctica y actuación anterior de F.E. graves errores, que pueden ser corregidos, y desde luego,
cree que las JONS, antes de denunciarlos y combatirlos, debe intentar influir en aquellos
medios para lograr su rectificación posible. A este efecto, defienden los camaradas que
interpretan esta tendencia, que las JONS deben invitar solemne y cordialmente a F.E. a que se
desplace de sus posiciones rígidas, situándose, fuera de F.E. y de JONS, en un terreno nuevo,
donde resulte posible la confluencia, unificación y fusión de ambos movimientos. Esta opinión,
que parece coincide con la de algún destacado camarada del Triunvirato Ejecutivo Central, tiene,
quizá, grandes probabilidades de que la haga suya el Consejo. Sus propugnadores defienden,
asimismo, que si fracasa la invitación a que aluden, es decir, si F.E. no juzga oportuna una
solución del tipo y carácter de la que se le propone, corresponde apoyar y aprobar la primera
tendencia, con la ventaja, en este caso, de que no alcance a las JONS responsabilidad alguna en
la pugna que se inicie.
Hay, por último, una tercera opinión que, según nuestras noticias, alguien sostiene también en
el Consejo; pero con tan débil asistencia, que quizá la defienda solamente un camarada.
Consiste en que las JONS procedan, bajo ciertas condiciones, a disolverse, incorporándose al F. E.
Repitamos que esta actitud no tiene, al parecer, y por fortuna, la menor probabilidad de éxito.
El segundo punto que va a ser objeto de deliberación por el Consejo se refiere, como antes
dijimos, a la necesidad de que el Partido disponga de órganos adecuados y eficaces para la
acción revolucionaria contra nuestros enemigos. En un momento como el actual, en que se agudiza
la apelación a la violencia por parte de los rojos, es urgente e imprescindible que dispongamos
de normas, tácticas y técnicas tan claras y precisas que proporcionen a las JONS éxitos
ruidosos frente a la actividad asesina de los elementos marxistas.
Seguramente el Consejo perfilará la idea ya expuesta por el Ejecutivo Central de crear
Patrullas de Asalto, a base de camaradas probadísimos, que sean una garantía de tenacidad,
arrojo y entusiasmo jonsistas.
El carácter de estos grupos, su engranaje en las actitudes del Partido y el modo de dotarlos de
una férrea y eficacísima disciplina serán objeto, sin duda, de amplio examen por los camaradas
del Consejo.
El tercer punto es, asimismo, de capital importancia. Ha llegado el momento de llevar al pueblo
español, a las grandes masas nacionales, un programa claro, revolucionario y concreto, cuya
defensa y triunfo signifique la gran victoria de la Nación española, el aplastamiento de sus
enemigos y el bienestar de todo el pueblo.
Hay, pues, que realizar el hallazgo de unas metas tras de las cuales arrastrar el entusiasmo,
la colaboración y la angustia de las masas españolas. Ya están en la encrucijada de una vida
difícil y dura, y nos corresponde dar la orden de marcha, equipararlas de un modo perfecto y
hostigar su ímpetu.
(«JONS», n. 8, Enero -1934)