Nuestras Juntas van adquiriendo día a día prestigio, eficacia y éxito. Somos ya de un modo
indiscutible los representantes del nuevo espíritu combativo y nacional que orienta hoy a las
fuerzas jóvenes de España. En un momento así, lograda con honor esa representación política,
nos dirigimos al Partido señalando a todos los camaradas la línea de acción «jonsista» que
conviene y corresponde seguir en lo futuro.
Nuestras normas han de ser cumplidas con rigidez y precisión. Agentes especiales de este
Triunvirato Ejecutivo vigilarán las organizaciones, controlando de un modo directo la plena
vigencia de las mismas. Proclamamos, pues, ante el Partido:
1. Las JONS se disponen a destruir todos los confusionismos que les cercan hoy. Somos un
Partido en absoluto independiente de todos los demás, surgido con posterioridad a la ruta
revolucionaria de abril, que persigue unos objetivos políticos opuestos a las desviaciones
antinacionales que hoy predominan, pero sin compromiso ni afán de restablecer aquella canija,
temblorosa y cobarde realidad que ofrecía el régimen monárquico a los españoles.
2. Las JONS depurarán con rigor los cuadros dirigentes de las organizaciones locales. No
importa ni son peligrosos en la base aquellos camaradas que no estén debidamente informados Ni
influidos por el Partido. Pero hay que evitar que ocupen puesto alguno de mando, por modesto
que sea, quienes no ofrezcan garantías seguras de estar en condiciones de comprender y seguir
rígidamente la acción y la doctrina del Partido.
3. No constituímos un Partido confesional. Vemos en el catolicismo un manojo de valores
espirituales que ayudarán eficazmente nuestro afán de reconstruir y vigorizar sobre auténticas
bases españolas la existencia historica de la Patria. Todo católico «nacional», es decir, que
lo sea con temperatura distinta a los católicos de Suecia, Bélgica o Sumatra, comprenderá de un
modo perfecto nuestra misión. No somos ciertamente confesionales, no aceptamos la disciplina
política de la Iglesia, pero tampoco seremos nunca anticatólicos.
4. Nuestro rumbo social sindicalista nos da el carácter, que no rechazará nunca el Partido, de
un movimiento de amplia base proletaria y trabajadora. Las JONS conocen la decrepitud del
sistema económico liberal burgués que hoy rige, y por eso, con línea paralela a las propagandas
marxistas, machacando sus posiciones y creando otras más eficaces, verdaderas y limpias, nos
aseguraremos el concurso, el entusiasmo y la colaboración sindical de un amplio sector de
trabajadores.
5. El Partido tiene que comprender rotundamente las dos eficacias que nos son imprescindibles:
las JONS han de ser a la vez un Partido de masas y un Partido minoritario. Es decir, que
influya directamente en grandes masas de españoles, orientándolos políticamente y que disponga
al mismo tiempo de una organización elástica y responsable: las «Juntas», propiamente dichas,
con sus equipos de doctrinarios, teóricos y propagandistas de un lado, y con sus secciones
militarizadas de protección, ofensa y defensa, de otro.
6. Las JONS cuidarán y cultivarán, pues, ese objetivo doble en la incrementación y ampliación
numérica del Partido. Interesa hoy más el segundo, y por él, naturalmente, han de dar comienzo
a sus trabajos las secciones locales. La permanencia en el Partido, el título de militante
«jonsista», obliga a capacitarse acerca de sus principios teóricos, de sus fines y de sus
tácticas. La depuración de militantes debe hacerse con el máximo rigor, obligando a pasar a los
núcleos de masa a todos aquellos elementos que no consigan sostener su puesto en el Partido con
decisión, coraje y entusiasmo. Las JONS comprenden, pues, dos sectores bien distintos: el que
hemos denominado «núcleos de masa»; es decir, simpatizantes y «jonsistas» a los que no sea
posible formar en las organizaciones activas del Partido, y el otro, los militantes de las
«Juntas», con un amplísimo bagaje de deberes, capacidad de sacrificio y permanente movilización
en torno a las tareas «jonsistas».
7. Todas las «JONS» locales deben tener un conocimiento exacto acerca de la importancia de las
organizaciones marxistas de su ciudad, vigilando, sobre todo, sus preparativos de violencia y
el espíritu con que esperan o provocan la acción revolucionaria.
8. Todos los camaradas del Partido deben fortalecer cada día más su disciplina. Es el arma de
mejor filo con que puede equiparse nuestro movimiento. Sin ella seremos destruidos en las
primeras jornadas. Ni un segundo de perplejidad, pues, debe consentirse en el seno de los
Triunviratos para sancionar hechos contra la férrea disciplina del Partido. En el capítulo de
expulsiones las efectuadas por este concepto tienen que ocupar siempre, por su cifra, el primer
lugar.
9. Los Triunviratos locales tienen que acelerar, conseguir con premura, que sus núcleos
alcancen la máxima eficiencia «jonsista». Asimismo, perfeccionar y ampliar sus informes
mensuales a este Ejecutivo.
10. Se prohiben en absoluto las relaciones políticas con otros partidos, sin conocimiento ni
autorización concreta de este Ejecutivo Central. Corresponde a las JONS, en todas partes,
desarrollar la mayor eficacia en su acción contra el marxismo, absorbiendo los núcleos de
lucha que se formen espontáneamente a extramuros de nuestro Partido. Hay que dar a éstos
tácticas seguras, orientación política y sentido nacional, evitando que la acción antimarxista
adopte un carácter antiproletario de lucha de clases. Para ello nada mejor que ser nosotros los
más diestros, seguros y eficaces.
En fin, camaradas, una vez más os invitamos a apretar el cerco en torno a nuestras consignas
justas, respondiendo con tenacidad a los clamores más hondos de España.
Contra la lucha de clases.
Contra los separatismos traidores.
Contra el hambre y la explotación del pueblo trabajador.
Por la ruta triunfal de España.
Por nuestra dignidad de españoles.
Por el orden nacional, fecundo y fuerte.
POR LA PATRIA, EL PAN Y LA JUSTICIA.
Madrid, julio.
(«JONS», n. 3, Agosto 1933)