Nuestra Revista ha sufrido una suspensión de dos meses. Poco o nada hemos de indignarnos, pues
por su propio carácter teórico la Revista «JONS» es, en cierto modo, intemporal y sufre bien
ese genero de colapsos. Ahora bien, el juicio durísimo y la protesta que hacemos se encaminan
hacia la saña tiránica con que el Poder oficial de Samper-Gil Robles persigue a nuestro
Partido. Pues sólo un pálido reflejo de ella es la anormalidad que afecta a nuestra
publicación.
La Falange jonsista ha sido objeto durante los últimos meses de una sistemática y refinada
persecución por parte del Gobierno, que ha suspendido su prensa, ha clausurado sus locales,
prohibido en absoluto los mítines de algún relieve y, por último, encarcelado en masa a sus
militantes en varias provincias.
Muchos detalles hacían prever, desde luego, que este Gobierno no era el más adecuado para
asistir sin indignarse al desarrollo, crecimiento y victoria de nuestras filas. Pues se trata
de un equipo residual del rabulismo parlamentario, ciego para toda emoción nacional profunda y
con la misma actitud enemiga hacia las juventudes, propia de todos los cupos desahuciados y
fétidos.
Molestamos, pues, al Gobierno por nuestro doble carácter de patriotas y de jóvenes luchadores y
ardorosos; bien hemos advertido cómo se agudizó la represión gubernamental en los días mismos
en que la Falange de las JONS se disponía a incrementar su acción en torno a la realidad
insurreccional de Cataluña. Se apretó contra nosotros el cerco policiaco y ahí están, en las
cárceles, acusados de inverosímiles delitos, decenas y decenas de camaradas nuestros.
Nos honra, naturalmente, esa persecución a que se nos somete. Se trata de un Gobierno sin pizca
de autoridad, sin otro apoyo español que el de la fuerza pública. Sin masa alguna afecta, sin
juventudes, con su sola realidad de náufragos agarrados al peñasco despreciable de la CEDA.
Causa por eso risa su gesticulación contra todo cuanto aparece provisto de todo lo que a él le
falta: ideales jugosos, magníficos, y entusiasmo juvenil por el imperio de ellos. Así, prohibe
saludos, concentraciones y la presencia misma de los símbolos disidentes de su política
mezquina y fofa.
Y hablamos así contra las disposiciones últimas del Gobierno en relación con el orden público,
aun cuando ello beneficie a nuestros enemigos los marxistas. Pues faltaba más que nosotros, la
Falange Española de las JONS, congregada y formada a base de objetivos de pelea, aprobásemos
como cualquier burgués renacuajo y cobarde que el Gobierno impida las excursiones uniformadas
de los rojos. Para luego, naturalmente, perseguir también las nuestras.
Ese será, quizá, el ideal del Gobierno, y en eso le acompañará todo el ancho sector de la
burguesía inconsciente y bobalicona: asfixiar la juventud nacional, garantizar una vida sin
sobresaltos, evitar las luchas, transigir y correr las cortinas.
Pero nosotros no toleraremos que se corran las cortinas ante la situación de España, como si
el drama español fuese una aventura de alcoba.
¡Animo en la represión, camaradas!
Y alerta ante el futuro próximo.
(«JONS», n. 11, Agosto - 1934)